Profesiones del pasado

_DSC0275El tiempo pasa, pero el recuerdo queda. Ya quedan atrás aquellos tiempos de la niñez cuando la tecnología era algo casi inexistente y solo al alcance de unos pocos. En aquella época existían una serie de profesiones que con el paso de los años se han ido perdiendo y cayendo en el olvido. En Las Hurdes aún son muchos los que recuerdan esos oficios y lo necesarios que eran en aquella época ya que muchas familias dependían directa o indirectamente de esas profesiones.

Pregonero

¡De orden del señor alcalde se hace saber!

Esta es la frase mas reconocida y que define a los pregoneros en la cabeza de todos nosotros. La del pregonero era una profesión fundamentalmente rural. Se situaban en la plaza del pueblo y hacían sonar con fuerza su corneta para citar a todo aquel que quisiera oír lo que tenía que comunicar.

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Noticias o acontecimientos del mismo pueblo, de otra localidad cercana o de la ciudad. Ya se les oía en tiempos de los romanos, siendo durante siglos el mejor medio de comunicación existente. Se les considera los primeros publicistas, pero cuando fueron apareciendo otros recursos como la prensa, la radio y la televisión, se vieron relegados al olvido, hasta que desaparecieron en la segunda mitad del siglo XX.

Esta maravillosa profesión a día de hoy es casi inexistente, ya que se ha sustituido por la tecnologia (twitter, whatsaap, bandomovil, tv, ..etc.), aunque todavía en España hay unos cuantos pueblos que están recuperando este viejo oficio.

Colchonero

Los colchoneros, además de ser los seguidores del Atlético de Madrid, también fueron artesanos del descanso, hasta la llegada de los colchones de materiales sintéticos, con el látex como última expresión, los colchones sobre los que descansaban la mayoría de usuarios eran de cálida lana. Este tejido, a fuerza del uso durante meses y meses, se iba apelmazando hasta que resultaba realmente incomodo. Ahí entraban en acción los colchoneros, los cuales vareaban la lana de su interior mulléndola y oxigenándola hasta dejar el colchón tan cómodo como cuando se fabricó.

Cuando la lana fue dejando paso a otros materiales que no se apelmazaban, los únicos colchoneros que sobrevivieron son los que van todos los domingos al estadio Vicente Calderón.

Hachero

El hombre que se perdía en el bosque con su hacha en busca de arboles que talar, en contra de lo que todo el mundo piensa, no era el leñador, sino el hachero. Este durísimo y casi desconocido oficio, consistía no sólo en cortar arboles, sino también en limpiarlos. Es decir, quitarles las ramas, hojas y corteza, dejándolos totalmente lisos para que más tarde el leñador se encargase de hacer leña para su uso doméstico o industrial. La dureza del trabajo y la falta de  métodos de tala masivos, era la mejor garantía de sostenibilidad.

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Sin embargo la comodidad de las sierras mecánicas y de todo tipo de maquinaria, enterró para siempre el hacha, unificando el trabajo de leñador y hachero en el oficio de leñador.

Campanero

El lugar de trabajo de los campaneros eran las iglesias, aunque no todas contaban con esta figura. En las más modestas era el monaguillo o el mismo cura el que asumía sus labores.

Los campaneros eran los encargados de repicar, mantener y revisar periódicamente las campanas. También era trabajo suyo el que el reloj del campanario funcionase a la perfección: darle cuerda, ponerlo en hora, limpiarlo, engrasarlo…

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Cómo tantas otras profesiones, la del campanero se vio, primero mermada y posteriormente eliminada por los sistemas mecanizados, los cuales actualmente, hacen sonar las campanas en distintos tonos y con diversas melodías.

Barbero

Actualmente los pocos barberos que quedan se limitan, por suerte para todos, a cortar el pelo y a rasurar barbas. Pero antaño sus labores abarcaban un poco más. Cuando no existían los dentistas, la gente no tenía más remedio que poner sus dentaduras en manos de un barbero. Pero ahí no acababan las funciones que englobaba esta noble profesión; También asumían funciones médicas, tales como vendar úlceras o hacer sangrías (en el mejor de los casos). Con el paso del tiempo y la aparición de los médicos y los dentistas, la denominación “Barbero” fue desapareciendo para dejar paso a la de “peluquero de caballeros”.

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Esquilador

Los antiguos esquiladores eran los peluqueros de los animales. Se dedicaban a cortar, con más o menos trasquilones, la lana a las ovejas, desempeñando su labor en zonas rurales. Solían trabajar en cuadrillas itinerantes que recorrían las granjas justo antes de la entrada del verano, que es la época optima para realizar la esquila del ganado.

Esta labor, que en principio parece sencilla, requería de una gran experiencia, ya que de la profesionalidad con que se esquilase, dependía la calidad de la lana que posteriormente se comercializaba.

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En la actualidad existen herramientas eléctricas que facilitan y aceleran notablemente el trabajo del esquilador, lo que estos agradecen enormemente y por supuesto, también las ovejas.

Lechero

La figura del lechero repartiendo su preciado bien montado en bicicleta, es una estampa típica de la vida urbana de antaño. lloviese o nevase, estos profesionales debían hacer su reparto a diario, ya que la leche siempre ha sido un producto de primera necesidad.

Normalmente los envases eran propiedad del cliente, de tal manera que los dejaban vacíos con unas monedas debajo y el lechero, dependiendo del importe, sabía que cantidad de leche demandaba cada inquilino.

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Los lecheros casi siempre eran también ganaderos, así que la materia prima la ordenaban ellos mismos de sus vacas, para luego venderla por los distintos pueblos que acudían.

Herrero

La calurosa oficina de los herreros era la fragua. Dentro de ella elaboraban, a base de golpe de martillo, todo tipo de artículos casi siempre de hierro y acero. Mediante su forja, fundían el metal para trabajarlo sobre un yunque al lado del cual solían tener un recipiente con agua para enfriar el objeto una vez trabajado.

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Además de herramientas, elaboraban todo tipo de útiles para la sociedad: campanas, armas, artículos de cocina, adornos, muebles, y los más creativos incluso esculturas. Con la llegada de la revolución industrial los herreros fueron desapareciendo en los países más desarrollados, convirtiéndose finalmente en una profesión prácticamente desaparecida. aunque aún sobreviva en países de Africa y Asia.

Afilador

Los afiladores siempre tuvieron algo de ciclistas y motociclistas, ya que ésos eran los medios de transporte que utilizaban para desarrollar su actividad, de marcado carácter itinerante.

Pero no solo para moverse utilizaban las dos ruedas. También eran su herramienta de trabajo, una vez en el pueblo o localidad donde fuesen a desempeñar su oficio: afilaban cuchillos, tijeras, incluso lápices con una ruleta que hacían girar con el motor (en el caso de la motocicleta) o con sus propias piernas ( si iban en bici).

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A mediados del siglo XX, los afiladores se empezaron a ubicar en locales, dejando a un lado su origen nómada hasta que al instaurarse el consumismo en la mayoría de las sociedades, la gente dejó de afilar artículos, para directamente sustituirlos por otros nuevos, colocando a los afiladores al filo de la extinción.

Curtidor

El oficio de curtidor, como indica la palabra, endurecía a todo aquel que lo llevaba a cabo. Consistía en tratar las pieles de animales para su uso y constaba de varios engorrosos pasos: primero se remojaban las pieles en agua. Después las golpeaban y restregaban para eliminar los restos de carne y grasa del animal.

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Posteriormente se mojaban las pieles en orina para ablandar el pelo, o sencillamente lo dejaban pudrir durante varios meses, después de lo cual las sumergían en agua con sal. Luego, ablandaban el material machacando estiércol sobre las pieles o mojándolas en una solución de sesos de animales. Para finalizar se les aplicaba aceite de cerdo y se iba estirando la piel poco a poco, a medida que perdían humedad.

Sabiendo todo lo anterior se entiende que la tarea de curtir, fuera casi siempre relegada a la periferia de las ciudades y pueblos debido al terrible hedor que generaba.

Cantero

Dicen que el oficio más antiguo del mundo es el de cantero. Y aunque este honor ha sido otorgado a alguna que otra profesión más, en el caso de los canteros tiene mayor fundamento histórico, dado que se han encontrado talleres neolíticos para la talla de puntas de lanza y cuchillos de sílex.

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El trabajo de cantero era colectivo (trabajaban en cuadrillas) y pasaba de padres a hijos. Consistía fundamentalmente en localizar una mina rica en cualquier tipo de material, arrancar la piedra de la tierra a golpe de pico o martillo, darle la forma requerida, y en muchos casos trasladarla allí donde fuese necesaria.

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Evidentemente ahora el sistema es otro, pero sin el duro trabajo de los antiguos canteros, no contaríamos ahora con grandes construcciones, como catedrales, iglesias, acueductos,…etc.

Aceitunero

“Andaluces de Jaén, aceituneros altivos…”

Así definía Miguel Hernández este noble oficio en uno de sus más grandes poemas. Los antiguos aceituneros a los que se refiere el poeta, eran jornaleros temporales, cuyo trabajo era la recolección y el tratado de la aceituna para su consumo. Sus herramientas de trabajo eran simples varas de madera con las que vareaban los olivos para agitar las ramas y que cayese el fruto.

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Por el bien de sus riñones, colocaban redes en el suelo para recoger todo lo que cayese del árbol con menos esfuerzo. Con la llegada de la maquinaria agrícola, que agitaba los olivos sin necesidad de varear, la tarea se hizo infinitamente más llevadera, hasta que los aceituneros a la vieja usanza fueron desapareciendo, pero sin llegar a hacerlo del todo.

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Actualmente casi nunca se varea manualmente, pero si hay que recoger del suelo las aceitunas. en Las Hurdes el oficio de aceitunero ha cambiado mucho. A día de hoy la mayoría de la aceituna se recolecta para comer y la que queda para aceite obteniendo en en norte de Cáceres el mejor aceite del mundo gracias a la variedad manzanilla cacereña  y al clima que producen un fruto de máxima calidad.

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